Cuando decidí quedarme en Hanói trabajando en, The Hanoi Bycicle Colective, el almacén de bicicletas, lo único que me preocupaba era donde me iba a quedar. En ese momento, me estaba quedando en la casa de Prateek, el manager del almacén, pero ya llevaba ahí más de una semana y no quería molestarlo más.
Empecé a buscar cuartos para alquilar por un mes en casas de familia locales o cosas de extranjeros. Incluso busqué en hostales alguna buena posibilidad.

Todos los cuartos que vi los alquilaban mínimo por tres meses, y el los hostales no eran tan buena opción por el precio y por qué eran muy lejos del almacén.
Un dia, trabajando en el almacén, uno de los clientes, un sudafricano, me preguntó de dónde era, le dije que de Colombia, se sorprendió y me dijo que su roommate también era de Colombia. Al rato, llegó ella.
Melisa, Pereirana, está haciendo una maestría en Francia y vino seis de intercambio a Hanói.
Nos alegró mucho conocernos al otro lado del mundo, ella de Pereira y yo de Armenia, ¡Vecinas!.
Hay muy pocos colombianos viviendo en Hanói, sin embargo, tiene un grupo en WhatsApp y se reúnen de vez en cuando a comer empanadas, arepas o a tomarse unos aguardientes.
Melisa le pidió a la administradora del grupo que me agregara y así terminé haciendo parte de “Colombianos en Hanói”.

Al ver que se estaba haciendo tan difícil la búsqueda de lugar para vivir, decidí preguntar en el grupo si alguien sabía de un cuarto para alquilar.
Al minuto, Adolfo me envió una nota de voz ofreciéndome su apartamento por todo el mes.
“Tengo un apartamento en Hanói, casi nunca estoy allá porque soy piloto y viajo mucho. Ahora estoy en Pakistán me voy de vacaciones a Colombia la otra semana, voy a estar solo un día en Hanói, veámonos ese día y te entrego las llaves, te puedes quedar ahí. El apartamento va a estar solo por 15 días en 15 vuelvo pero podemos compartirlo”.
¡Wow! ¿Era en serio?
No me conocía, no tenía ni idea quién era yo y me estaba abriendo las puertas de su casa. Me iba a dejar sola en su apartamento por 15 días y después lo iba a compartir conmigo. ¡Wow!
Lo llamé aún sin poder creerlo, le agradecí inmensamente y acepte su propuesta.
A los dos días nos encontramos en la portería de su casa. Yo llegué primero, pero no pasó mucho rato cuando entre la multitud de Hanói, vi venir una cara Colombiana. Seguro él también vió una cara familiar porque cuando me vió, de inmediato me sonrió. Llegó y me dio un abrazo fuerte, de esos que solo nos damos allá en Colombia.
Subimos al apartamento, preparó dos tazas de café y conversamos un rato.
Me entregó las llaves, él se iba al otro día. Yo tenía que volver al trabajo así que no pasó más de una hora y me fui. Le pregunté porqué hacía eso por mi, porque confiaba tanto en alguien que él no conocía y me dijo que alguna vez alguien de “mi tierra” había hecho algo parecido por el y que era una forma de devolverlo.

El tamaño de Hanói, la capital de Vietnam, es comparable con el de Bogotá, así que si apartamento podía estar muy lejos del almacén, pero no, para mi fortuna, estaba a solo 1 km del ¿Podía ser más afortunada?.
Estuve 15 días sola en el apartamento. En el último piso del edificio había una terraza donde algunas veces fui a desayunar antes de ir a trabajar y algunas noches subí a ver las luces de la ciudad.
A los 15 días volvió de Colombia, pero al otro día se volvió a ir, y así estuvimos los siguientes 15 días, el se iba un par de días y volvía y así…
Los días que coincidimos fueron geniales y me bastaron para darme cuenta del gran ser humano que es.
Cada mañana antes que cualquier cosa, me servía un vasito de jugo de naranja y después una taza de café.
Dos veces me hizo mazamorra, la mejor mazamorra que me he comido jamás.
Siempre que coincidimos en las noches comimos juntos, y un par de noches tomamos cervezas y hablamos de aviones y bicicletas.

No sé si me creyó, pero le dije que él era mi ángel en Hanói, y de hecho, con lo poco que conocí de él, me di cuenta que el no solo es mi angel, el es el ángel de muchos más.
Me encanta la gente como Adolfo, que está dispuesto a compartir todo y que confía en los demás, que le abre las puertas a un desconocido porque sin pensar demás.
La gente como él, que lo tiene todo y no presume nada y que lo único que quiere es ayudar a los demás.