Nos esperaban 40 km de ruta.Según nuestras cuentas, basadas en el desnivel de la ruta y el promedio de velocidad que llevábamos hasta el momento, nos tomaría un poco más de dos horas llegar a La Gi, Vietnam. En La Gi nos estaba esperando Tram Bui, una chica que habíamos contactado unos días atrás a través de CouchSurfing.

Alrededor de las 9:00 a.m. dejamos el camping donde nos habíamos quedado las dos noches anteriores. A pocos metros del mar, habíamos descansado lo suficiente y después de haber visto dos increíbles atardeceres nos sentíamos recargados para empezar de nuevo a pedalear.

Esperábamos estar en la casa de Tram antes del mediodía. No pensamos en la brisa, no contamos con que soplaría todo el tiempo en sentido contrario al nuestro. Avanzamos muy lento, el sol de mediodía se sumó al camino.Estuvimos mucho tiempo bajo el calor y con la brisa en contra avanzamos muy lento.

Acompañados la mayor parte del tiempo por el mar al costado derecho, llegamos a La Gi. Aunque el camino fue muy plano, después de 40 km bajo el sol y de luchar contra el viento, estábamos muy agotados.

Queríamos llegar a casa de Tram, comer algo y dormir. Lo que no sabíamos era que Tram y todos sus estudiantes nos estaban esperando. Tram es profesora de inglés en La Gi, nunca ha tomado clases de inglés ni ha salido de su país a aprenderlo, sin embargo lo habla perfecto. De hecho, ahora enseña inglés a más de 70 niños de La Gi.

La Gi es un pueblo pequeño muy cerca de la costa de Vietnam. Para la mayoría de los que visitan el país, La Gi pasa desapercibido. No es más que un pueblo de paso en la ruta entre Ho Chi Minh y Mui Né, ambos muy turísticos.
Aparentemente La Gi no tiene nada especial, pero para sorpresa nuestra La Gi estuvo lleno de magia desde el primer momento. Cuándo nos encontramos con Tram, habían muchos niños a su alrededor, el mas grande no pasaba de seis. Nos miraban sin parpadear, miraban las bicicletas y se decían secretos entre ellos, ninguno se atrevía a hablar. Parecía como si los extraterrestres hubieran llegado a La Gi.

El silencio solo duró hasta que el primero, seguro el más osado de la clase, lo rompió con un “Hello”.
“Hello” “hello” “hello” “hello”empezaron a repetir todos. Y después el silencio nunca volvió, en cambio empezó un largo y repetido cuestionario que nunca acabó. “What is your name?” “Where are you from?” “What is your favorite color?” “How many people are in your family?” “what is your brother’s name?” una y otra vez las mismas preguntas. Cuando terminaba de responderle a uno, llegaba otro con las mismas preguntas. No sé cuántas veces respondí “my name is Juanita “ – “yunita” ? – No, Ju a ni ta.

Nunca había dicho tantas veces el nombre de mi hermano ni mi color favorito.
Todo el día lo pasamos respondiendo esta serie de preguntas, suena aburrido pero no lo fue. Al responder “my name is Juanita y preguntar, and your? “ e intentar repetir esos nombres todos nos moríamos todos de la risa, ellos decían que decir Juanita era difícil,y para mí decir el nombre de ellos era imposible.Entre risas, preguntas repetidas e intentos fallidos de pronunciar nombres vietnamitas se había ido el día.

Para llegar a la casa de Tram hay que cruzar el bullicioso mercado del pueblo. Los mercados de Vietnam son alucinantes. La variedad de frutas y verduras colorea
los andenes y las calles. Las bateas en el piso, llenas de yucas, zanahorias, plátanos, bananos, frijoles, naranjas, tomates, y el resto de cosas que se puedan imaginar, hacen que caminar entre esos mercados sea una experiencia encantadora.
Generalmente las encargadas de las ventas en los mercados son las mujeres, quienes cubriéndose del sol, llevan siempre puestos sus grandes sombreros típicos Vietnamitas.

Sentadas en sillas bajitas al lado de sus productos, las mujeres del mercado de La Gi no pararon tampoco de mirarnos y, al igual que los niños, se secreteaban entre ellas y le avisaban a las demás que dos extraños iban pasando. Parecía más un desfile en el que nosotros éramos los protagonistas. Todos nos sonreían, nos cogían de las manos, los brazos, nos decían cosas en vietnamita que por supuesto no entendíamos. “You are beautiful” me decían las más bilingües, nunca antes me habían dicho tantas veces “beautiful” cómo en ese pueblo. Gracias, me lo estaba creyendo.
Cada vez salía más gente a mirarnos. La noticia se había regado, habían llegado dos extranjeros a La Gi.

A la noche y al día siguiente conocimos más grupos de niños, unos más pequeños y otros más grandes. Los mas grandes nos llevaron a conocer las partes mas lindas del pueblo, mientras que los más pequeños no pararon de hacernos las mismas preguntas del dia anterior, y de nuevo repetí mi nombre y el de mi hermano una y otra vez.

En La Gi fue la primera vez que visité un templo Budista. No los habia visto ni en las películas, no tenía ni idea de como era uno. La sorpresa fue inmensa. La puerta principal abre paso a la imponencia. A la izquierda un buda como de 5 metros de alto. Banderas budistas y globos de tela colgando desde la puerta de entrada al templo y la estructura principal. Cruzar la primera parte del templo pone los pelos de punta. El templo está protegido por dos dragones, uno a cada lado, quienes se encargan, según nos explicaron los niños, de cuidar el templo de las malas energías.
Al igual que para entrar a todas las casas en Vietnam, para entrar al templo hay que quitarse lo zapatos. Una vez se cruza la puerta con acceso al interior, rodeado de flores, bananos, incienso y vasos de agua, hay otro Buda inmenso en la mitad. Todo esto a su alrededor son ofrendas que los budistas el hacen a su dios.
El interior del templo es alucinante, el dorado que predomina por todas partes, contrasta con el rojo de las alfombras que cubren todo suelo. Hay tantos detalles en ese templo que me perdí en ellos, ahora ni siquiera puedo recordar la mitad lo que ví.

La mañana del lunes, antes de partir de La Gi debíamos atender una invitación muy especial. La mamá de Tien, una de las alumnas y primas de Tram, nos invitó a desayunar. A las 7:15 am nos citó en su casa a las afueras de La Gi, justo en la ruta que debíamos tomar para salir de la ciudad.
Toda la familia de Tien, nos estaba esperando para el desayuno. La abuela, la tia, la mamá el papá y dos primos de Nu se sentaron con nosotros en una mesa a desayunar en una mesita en le patio delantero de la casa. Sopa con vegetales, carne de res cocinada y trozos de hígado fue el desayuno. En medio de una agradable conversación, donde los grandes hablaban vietnamita y los chiquitos traducían al inglés, hasta se me olvidó que no me gustaba el higado.
Después de la sopa, nos sirvieron un café, el café Vietnamita es sin duda el mejor café que me he tomado en la vida. Después del café, Dragon fruit, la fruta más exótica que he visto en el mundo. La prima fucsia de la pitaya.

Eran las 10:30 de la mañana y no habíamos podido salir, estábamos envueltos en una conversación demasiado entretenida que parecía no tener fin.

También nos habían servido tacitas de té, en Vietnam se acostumbra a tomar té en tacitas pequeñas mientras se hace visita matutina.
Intentamos muchas veces terminar el té, decir adiós y empezar a la ruta, pero la abuelita estaba siempre atenta a nuestras tazas y cuando veía que ya se ibamos a terminar, volvía con su tetera y las llenaba otra vez.
Después de mucha comida y no se cuantas tacitas de té, tuvimos que decir adiós.
Todos salieron a despedirnos al garaje, nos tomamos unas cuantas fotos y nos fuimos, literalmente con la barriga llena y el corazón contento.