Llevaba muchos meses esperando que llegara el día de empezar a pedalear. No saben cuántas noches no pude dormir pensando en ese día. No se imaginan el vacío en el estómago que me daba imaginarme montada en esa bicicleta pedaleando por mi sueño.

Después de más de doce horas de viaje para mí y más del doble para Caliche, finalmente habíamos llegado a Ho Chi Minh City. Caliche había volado desde Medellín hasta Múnich donde yo lo esperaba para volar juntos a Vietnam. Las doce horas que duró el viaje, con una corta parada en Abu Dhabi, no paramos de hablar de cuan felices estábamos y de todo lo que estaba por llegar.

 

Extrañamente desde que salí del aeropuerto tuve la sensación de estar en Colombia, a pesar de haber llegado al otro lado del planeta, y notar inmediatamente que es otro mundo, hubo infinidad de cosas que de inmediato me hicieron sentir en casa. El aire, el viento, la temperatura, el ruido, los carros, los olores, y en especial, la amabilidad de la gente me hicieron sentir en un ambiente muy familiar.

 

Los primeros dos días los pasamos con el equipo de Mr. Biker, una tienda/taller de bicicletas en Ho Chi Minh City que habíamos contactado vía internet cuatro meses antes de llegar. El equipo Mr. Biker no solo nos consiguió las bicicletas que estábamos buscando, dos Giant Escape 2, una talla S, Verde para mí y otra talla M, cobre para Caliche, sino que también nos hospedó y nos ayudó a organizar todo nuestro equipaje y demás cosas necesarias antes de empezar.

 


(Equipo Mr Biker ultimando detalles)


Empacar por primera vez nuestras cosas en las alforjas fue todo un desafío. Pensar que solo puedes llevar lo necesario no fue fácil, todo parece serlo, nada parece ser sobrar. Terminamos con el cuarto lleno de cosas. Caliche y yo nos mirábamos con de desconcierto, caminábamos por encima de las cosas rascándonos la cabeza sin saber por dónde empezar; doblamos, enrollábamos y guardábamos, y el desorden seguía igual. Nos tomó mucho tiempo organizar todo, sobre todo decidir qué llevar y qué dejar.

 

(Primera empacada)


Gracias al equipo Mr. Biker pudimos dejar casi todo listo en dos días y tomarnos un par de días para conocer la ciudad antes de empezar a pedalear. Después de dejar el equipo Mr. Biker, pasamos dos días en la casa de Tien, una amiga de Nguyen, quien por una de las hermosas casualidades de la vida, se había quedado unos días en la casa de mi mamá, en Armenia (Colombia), y estaba de vuelta en Vietnam.  Mi mamá la había descrito como una mujer encantadora, así que ahora era nuestro turno de conocerla.  Ahora creo que no hay palabra que la describa mejor que la utilizó mi mamá. No solo Nguyen, también Tien, son simplemente encantadoras.


Para nuestra fortuna, en un país donde muy pocos hablan inglés, Ngunyen y Tien no solo hablan en inglés, también hablan español. Estar con ellas hizo que esos días, en los que aún teníamos que ultimar algunos detalles, fuera más fáciles y divertidos. Además nos regalaron los paseos en moto más osados de nuestras vida. Para moverse en moto por esa ciudad hay que ser valiente, hay que agarrarse duro y dejar los nervios atrás. Cerrar los ojos puede ser la mejor opción para los nerviosos, a veces es mejor evitar ver las motos pasar a solo centímetros de tus pies y como los trancones de motos que se extienden hasta donde tus ojos pueden ver.

(Nguyen y Tien)

 

Ya estaba todo listo, faltaba un día para empezar, alforjas montadas, mercado comprado, y… Cyclone llegando a Vietnam. Desempaque alforjas y cocine para que no se dañe el mercado porque hay que esperar a que pase la tormenta.


Por fortuna el Cyclone cambió su rumbo y no llego a Vietnam, ahora si podíamos empezar. El gran día había llegado. A las 5:30 a.m. y sin aplazar la alarma 10 minutos, nos paramos y nos organizamos. Por primera vez en mi vida me puse un badán, una de esas lycras que tienen almohada en la cola. Me sentía como un pato, un pato feliz.  Aunque por la ansiedad no había dormido más de cuatro horas, sentía que había dormido doce. La emoción no me dejaba sentir cansancio, el gran sueño estaba por empezar.

Salir de Ho Chi Minh era el primer gran reto. La ciudad es un mar de motos, no hay regla de tránsito que se respete. Y aunque habíamos salidos ya varias veces en bicicleta y de alguna manera ya sabíamos movernos entre ese oleaje, esa fue la primera vez que salimos con el peso de las maletas. De hecho, era la primera vez en la vida que montábamos con peso. La sensación de pedalear en una bicicleta con peso es totalmente diferente a montar sin peso. Bien me había dicho un amigo “es como volver a aprender”. Así me sentí, aprendiendo a montar de nuevo,  buscando el balance e intentando mantener el control de la dirección.

Y ahí estábamos, aprendiendo a montar bicicleta en Ho Chi Minh City. La gente nos miraba sorprendidos, nos sonreían y alentaban. Seguro pensaban que era un día más de nuestro viaje, lo que no sabían era que apenas eran nuestros primeros minutos en la ruta.

A unos 4 km de la casa de Tien, rumbo al norte, el paisaje empezó a cambiar, se notaba que estábamos dejando la ciudad, el caos empezó a cambiar. El mar de motos ya era un mar de tractomulas, las calles estrechas se convirtieron en autopistas y las velocidades empezaron a aumentar. El miedo me empezó a invadir, me sentí inmensamente vulnerable e inmensamente frágil.

De repente me encontré cuestionando “¿que estoy haciendo?”, y me respondí, “Estás cumpliendo un sueño”. Fueron los 80 km más felices de mi vida.